Serie Morrigan IV
Ella es La Reina Cuervo: la manifestación más cercana a la forma humana de la gran diosa irlandesa Morrigan,
señora de la guerra, la muerte y la soberanía. Su rostro es sereno pero implacable, de una belleza austera que no invita
a la ternura sino al respeto temeroso. Sobre su cabeza reposa un casco de cuernos al estilo nórdico-celta, adornado
con gemas y filamentos de metal que brillan incluso entre las llamas. En su hombro derecho, un cuervo negro —su
animal sagrado, su espía y mensajero— extiende las alas como si también reclamara dominio sobre el campo de
batalla. Su armadura es una obra maestra de orfebrería mítica: grandes hombreras circulares con espirales en relieve,
un pectoral central con el símbolo del sol y la luna entrelazados, y faldones de metal trenzado que caen hasta sus pies.
En la mano izquierda sostiene un largo cetro-tridente, símbolo de su triple naturaleza: doncella, madre y anciana;
vida, guerra y muerte. A su alrededor, las llamas no la queman sino que la encuadran como un altar viviente, mientras
un ejército de guerreros combate a sus pies, inconsciente de que su destino ya ha sido decidido por la Reina. Esta es
la Morrigan en su gloria más plena: diosa, reina, profetisa y destructora, la fuerza que equilibra la creación con el
caos necesario para el renacimiento

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